Errar para aprender – otra mirada

Hace ya varios meses que nuestro socio Peter (de origen suizo) nos insiste en que los argentinos, particularmente tenemos miedo al error. En otras palabras “los argentinos tienen pánico al fracaso”. De tan argentino que soy, no me animo a darle la razón, pero doy fé que en cada taller que damos, donde el animarse a errar es clave, nos encontramos al principio con mucha resistencia por parte de los participantes.

Nuestros programas, y sobre todo el coaching en general, apuntan al aprendizaje autónomo, y este aprendizaje sin el error de por medio es inexistente. Imaginen a un deportista de alto rendimiento ensayando sus acciones durante la semana una y otra vez, sin tolerancia al error, o a fallar. Su progreso sería imposible.

Aprender errando

En el libro “El principio de la Presión” de Dave Alred (se los recomiendo a todos), comenta sobre un estudio dirigido por el psicólogo sueco Anders Ericsson, en el que dedujo la “regla de las 10.000 horas”, esto es que son necesarias 10.000 horas de práctica deliberada para convertirse en experto en algo. Puedo imaginar con seguridad, que la práctica de algo durante tanto tiempo, implica chocar contra la pared una y otra vez. Exponerse al aburrimiento, a la frustración constante y sobre todo equivocarse muchas veces. Sin dudas, para ser experto en algo se debe aprender, y estas 10 mil horas de las que habla Ericsson son horas de aprendizaje basado en el error mejorado.

Errar con gusto, pero con cuidado

El amor hacia el error es casi una moda en el mundo de la innovación y el mundo emprendedor. En cada evento sobre estos temas, cada speaker nos lo recuerda con insistencia, invitándonos a hacernos amigos del error y convivir con el.

Desde mi punto de vista, esto no está mal, pero a veces resulta exagerado, y sin dudas es peligroso.

El error sin control, sin medición, sin análisis e intención de mejora, se queda siendo un error, que no solo hará pedazos tu moral, también se va a ocupar de tu reputación. Si te vas a hacer amigo del error, que venga acompañado con aprendizaje.

La base de la metodología Lean de Eric Ries habla de “CREAR – MEDIR – APRENDER”. Medir es una forma de hacerse cargo del error para luego aprender, y volver a crear. Este ejemplo es sin duda una manera sana de convivir con el error y poder mejorar.

En otros ámbitos ocurre lo mismo. Un deportista de alto rendimiento destina horas diarias en mejorar la precisión de su ejecución. El pateador de rugby ejecuta semanalmente una gran cantidad de patadas, exponiéndose a errar. Pero mejora sólo aquel que busca el porqué del error, el que se deja acompañar por algún experto y al fallar analiza corrige y vuelve a intentar. Lo mismo ocurre con el jugador de fútbol. Messi por ejemplo, según cuenta la historia, se ligó un reto de Maradona (en el 2009) luego de fallar y abandonar frustrado en la práctica de tiros libres. Diego le mostró, le corrigió, y lo obligó a seguir intentando. Le costó horas y horas de práctica y correcciones alcanzar la pegada que hoy tiene, pero insistir y mejorar sobre el error hoy hace que su tiro libre sea único.

En Teamwins nos obligamos al hábito del feedback usando los sombreros de Bono, con el único fin de mejorar en la próxima. Entre nosotros somos muy duros con el feedback negativo, y muy insistentes con el feedback de cómo podríamos hacerlo mejor. Buscamos así una forma responsable de caminar con el error.

Como niños

Una buena recomendación es volver a la niñez. Busquen en las primeras etapas de nuestros mayores aprendizajes. Los primeros pasos vienen acompañados de porrazos, pero con diversión y contención de los adultos. De niños, los que practicamos deportes, sabemos lo importante del aprendizaje en plena diversión. Nadie nace sabiendo pasar una pelota, pero entre correcciones se aprende, y si es jugando se aprende mucho más. No es casualidad que a los mejores deportistas siempre se los ve “jugando”, disfrutando de la competencia como niños, y nunca dejan de mejorar.

Si buscas mejoras en tu equipo de trabajo debes tolerar el error, hacerte amigo de “lo que salió mal”. Para esto hay que fomentarlo, pero es bueno hacerlo de manera responsable. Esto es midiendo, observando y mostrando para mejorar. No se trata de ser liviano con lo que sale mal, todo lo contrario. Es tomar al error, ponerlo arriba de una mesa, estudiarlo y volver a intentar.

¿Cómo está visto el error en tu equipo de trabajo?

Nos interesa conocer tu experiencia.

Join the discussion 2 Comments

  • Eugenia dice:

    Equivocarse rapido y barato es la clave. Escuchar feedback, aprender, y reformular a tiempo ayuda a que se pueda ir mejorando el “prototipo” para que el cambio que necesita no sea tan costoso.

    • Juan Campero dice:

      Hola Eugenia,
      Gracias por tu comentario. Coincidimos en que cuanto antes puedas atacar un error será menos costoso. Y destacamos la importancia de lo que viene después del error: analizar y planificar la corrección para seguir avanzando. Solo así el error tiene sentido y valor.
      Gracias
      Saludos

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