Ninguna banda Beatle grabó un tema propio

Nos gusta mucho hablar del error, de la creatividad, nos especializamos en ayudar en procesos de innovación donde estos factores son fundamentales. Nos importa el bienestar, y sobre todo ayudamos a las personas a ver que hay otras formas de hacer y de vivir.

Esta nota la escribió Tomás De Vedia, un amigo de la casa y un crack (en todo lo que hace). Nos conocimos en el “nacio” de San Isidro (colegio) y nos cruzamos por el rugby (el del sic yo del casi) y alguna vez tocamos música juntos. Ahora estamos explorando nuevos caminos vinculados a Temwins, el desde Movenat y Mindfulness, y nosotros desde el coaching. Seguro será divertido e interesante como todo lo que nos cruzó. Lo mismo que esta nota que sigue:

Ninguna banda Beatle grabó un tema propio

(Por Tomás De Vedia)

 

Cuando veas a Borges, matálo. También a tu cantante favorito. Matá a todos aquellos que admirás y que te llevaron a hacer eso que hicieron. Matálos bien muertos como si les tiraras Raid porque sino van a volver y van a copar la parada, vas a dejar de ser vos para ser ellos. Ninguna banda Beatle grabó un tema propio, ni se viste como quiere.

El día que leí un libro de Fabián Casas entendí algo muy importante, no quería escribir como él, sino que lo mas importante es escribir como uno habla. En los talleres literarios sobran los Cortázar, creo que hasta tuve un intento pretencioso de serlo hasta darme cuenta que ni siquiera me gustaba mucho y que Rayuela es un mamotreto que me ayudó mas a dormir siestas que otra cosa. El gran regalo que me dió Casas, y Santi Llach (recomiendo con todo mi corazón ir a sus talleres Twitter: @santiagollach mail: santiago.llach@gmail.com ) quien daba el taller, fue poder permitirme contar mi propia historia con mi propia voz y tono. No hace falta escribir citas en francés (no las entiendo) de autores cultos, ni historias que suceden en París, ni adjetivos pomposos. Solo escribí lo que realmente sos, por mas que sea que fuiste a comprar cien gramos de crudo al almacén. Cómo lo cuentes puede ser mucho mas bello que la última recomendación de los suplementos de cultura. Y sobre todo olvidate de los suplementos de cultura, olvidate de los premios Clarín, incluso de publicar.

Un poco de silencio

Muchas personas no hacen nada artístico porque dicen que son malos en todo. Soy mala para el arte, me dijo alguien hace poco cuando me escuchó hablar sobre Lucía y su trabajo de actriz. Mi mamá me mandó a baile, a guitarra, a pintura pero siempre fui mala, dijo. Es claro que quien dice eso se está comparando con una idea de lo que hay que ser, y por otro lado poniendo el foco solamente en el final. En este caso el final sería publicar, o tocar en publico, o hacer una carrera en el arte. ¿Por qué creemos que hay que llegar ahí? Tenia una amiga con una voz hermosa. Todos le decían que tenía que dedicarse, que iba a llegar lejos. Lo que hizo fue llegar lejos, se fue a vivir al campo con el marido. Que desperdicio le dijeron, con esa voz que tenés. Una vez le pregunté si no extrañaba cantar. Nunca dejé de cantar, pero ahora solo es conmigo y es mucho mas hermoso, me contestó.

Antes de matar a Borges o al que se aparezca en el camino hay que hacer un buen rato de silencio. Hace algunos años tenía una radio en mi cabeza y lo primero que hice fue natural y espontáneamente quedarme un rato en silencio sentado en un sillón. Así llegué a practicar mindfulness, por intuición un poco y otro poco porque creía que el budismo zen era algo especial. Como es común tendemos a idealizar, sobre todo cuando no sabemos nada. Vimos demasiadas películas, leímos demasiados libros. Aún sin haberlos leído la idea del hombre que deja de sufrir para ir a un lugar mejor, o volver como un héroe fue la pastillita que nos dieron desde los cuentitos de jardín. Es una idea un poco distorsionada.

Karate Kid

Pareciera que hay que meditar, que la meditación va a hacer algo por nosotros. Y cuando decimos meditar hablamos de la imágen del tipo sentado con las piernas cruzadas, quieto, y que en un momento le llega una luz como un poder para que nada mas le afecte en su vida. Una persona puede sentarse horas quietito y después gritarle a su pareja cada vez que la ve. Se puede copiar muy bien la imagen del Buda pero si después no hay amor en los vínculos, ni espontaneidad en los actos, e´al pedo.

El señor que me enseñaba Karate tenía 77 años y todas las mañanas se sentaba a practicar zazen (meditación zen). La mayoría de los que iban ahí se habían comido la película de que era el Señor Miyagui, tal vez porque sumada a su larga edad era hijo de japoneses. Empecé a ir a meditar con él todos los días, y además los sábados hacía tres sentadas de 45 minutos con caminatas alrededor del doyo durante 5 minutos entre medio. Por supuesto que creí que a mas minutos de meditación mas cercanía a la iluminación. En una de esas sentadas largas no daba mas de dolor e incomodidad. Me caían las lágrimas por la tensión en la cadera y lugares del cuerpo que nunca había sentido en mi vida. Hay que aguantar, dije, algo va a pasar. El sensei hizo sonar la campanita y no pude más, corté con el protocolo que venía que era una reverencia y empezar a caminar. Me estiré en el suelo como si me acabaran de hacer un foul descalificador. No sentía los pies, y me dolía la espalda. Supuse que me iría a decir algo sobre la falta de respeto al doyo, a Buda, a sus ancestros. Todos los que iban a hacer Karate, creían esas babosadas como yo. Los cinturones negro te obligaban a  saludar con reverencia, a sentarte de rodillas en los descansos y un montón mas de cosas imitadas. Lo que hizo el Sensei, que se llamaba Horacio y era hijo de japoneses, fue decirme: Te vi que estabas incómodo, te hubieses acostado antes ¿para que seguir si te dolía? Empecé a mirar las semanas siguientes que el casi nunca hacía reverencia al doyo, ni al entrar ni al salir. Otra vez en medio de una clase dijo ya vengo y fue al baño. Era un tipo como cualquiera, que era coherente con lo que sentía y no se hacía cargo de la película de los demás. Daba clases de Karate y punto.

Silencio activo

Hay un camino que lleva a descubrir la propia voz: es el silencio. El silencio ayuda a observar, a ver lo que es viejo, lo que es imitado, todo lo que viene del pasado. Eso que es viejo, imitado se traduce en creencias. Creemos por nuestros padres, por la cultura, por las heridas, por las victorias. En el silencio podemos escuchar lo que realmente sentimos, y muchas veces choca con eso que creemos. Ahí está la verdadera libertad, en responder observando lo viejo, sin pelear, con la capacidad de innovar. Esa respuesta creativa es la adaptación, sin la rigidez de lo viejo. Requiere práctica, esfuerzo, paciencia con la propia impaciencia y mucho corazón. A veces no pasa y nos damos cuenta tarde. Lo mas importante es tener la intención siempre de estar atento y observando, hasta que pasa a ser un modo de vida. Entonces ya no habrá ni siquiera que elegir entre lo que pensamos y lo que sentimos, porque serán lo mismo. Y ahí podemos escribir y tocar la música mas maravillosa.

 

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